SERIE EXPUESTA en Galería José María Velasco INBA y en la UAM Cuajimalpa en 2018

“Maricón” es, probablemente, el insulto más recurrente, y el más ofensivo, en las sociedades hispanoamericanas. Sobre todo en los patios escolares, donde los niños y jóvenes están empezando a desarrollar su identidad, y donde son más vulnerables a la burla de sus pares. Y no se refiere tanto a una preferencia sexual, como a una trasgresión de genero. Un maricón no es un hombre que se acuesta --o que desea acostarse-- con otros hombres; es un hombre que asume modas y modos femeninos, que renuncia a su masculinidad, que traiciona su propia hombría, que abdica de su rol de género y de la superioridad que éste le confiere. Y eso es algo que este mundo, obsesionado con el binarismo sexual, no entiende y que, por lo mismo, no puede perdonar. 

Los hombres retratados por Erik Rivera, el “niño terrible”, son maricones en ese sentido, y no se avergüenzan de serlo. Se arriesgan a exhibir sus sentimientos. No temen trasgredir las normas de género. Incluso, pareciera que lo disfrutan. Sin duda, no les asusta ser objetos de deseo, papel normalmente asignado a las mujeres. Nos miran descaradamente, con sus ojos enormes, como retándonos a insultarlos o a burlarnos de ellos. Nos desafían y nos seducen. Tienen diversas actitudes, distintos tonos de piel, diferentes clases sociales, pero todos son coquetos, son frágiles, son traviesos. Y nos vuelven cómplices de su travesura. Exhiben sin pudor su vulnerabilidad y, al hacerlo, nos hacen enfrentarnos con la nuestra. Por eso, también son incómodos. 

Paradójicamente, al renunciar al privilegio de la masculinidad tradicional, estos maricones no pierden poder. Al contrario: ejercen sobre el espectador que se atreve a sostenerles la mirada una especie peculiar de dominación, sutil pero implacable. La obra de 

Rivera nos invita (mejor dicho: nos obliga) a cuestionar nuestras nociones sobre lo masculino y lo femenino, sobre la fuerza y la debilidad, sobre la seguridad y el peligro. Sus personajes, que como él, son niños terribles, pueden enamorarnos, pueden incomodarnos, incluso pueden repugnarnos, pero difícilmente pueden dejarnos indiferentes. 

Luis de Pablo Hammeken

 

 

 

 

 

 

© Todos los Derechos Reservados.Erik Rivera 2015