RETRATOS DEL ALMA Por Teresa Arcq.

ENMUDECER DE LA MIRADA . Por José Ricardo Gutiérrez

ERIK RIVERA por Yecid Calderón.

JESUSCHILD por Mónica Ashida

SI TAN SÓLO JESÚS HUBIERA TENIDO INFANCIA por Adriana Estrada

ANGELUS por Mario Vannucci

LA BENDITA PRIMAVERA por Alberto Pérez Barajas

 

...................................................................................................................

 

RETRATOS DEL ALMA por Teresa Arcq. 2006

"La irrealidad de lo mirado, da realidad a la mirada" Octavio Paz.

En su poema Blanco, Octavio Paz propone un interesante juego de palabras que reflexionan en torno al acto de mirar. Su frase "La irrealidad de lo mirado da realidad a la mirada" puede invertirse y leerse como "la irrealidad de la miradada da realidad a lo mirado"; y eso ocurre justamente con los retratos de Erik Rivera. A su pintura se entra literalmente por los ojos, por esos ojos-ventana, inmensos, "irreales", pero que al mismo tiempo invitan a recrear otra "realidad", a regresar a la infancia, a un estado de inocencia.

La admiración por la pintura de Francesco Clemente, en especial la carga emocional que transmite a través de los ojos de sus figuras, motivó a Erik a explorar el tema de la mirada, y siendo un pintor muy joven aún, ha encontrado ya su propia forma de expresión en la pintura. Su producción se caracteriza por la presencia de personajes-niños de enormes ojos, que mirarn siempre de frente, incitando a penetrarlos, a viajar al interior de su alma. A través de ellos, el artista nos muestra un mundo lúdico, inocente, que se desenvuelve mágicamente frente al espectador. La relación entre la mirada de su personaje y quien lo mira, se trastoca por esos ojos desmesurados, que lejos de confrontar, como en los personajes de Clemente, contemplan.

Lacan se refiere al momento en que el niño reconoce su propia imagen en el espejo, como un acontecimiento crucial en la construcción del ego. El reconocimiento de sí mismo es gozoso en tanto imagina a su reflejo en el espejo más completo, más perfecto de lo que experimenta en su propio cuerpo. Ahí constituye la matriz de lo imaginario, del reconocimiento, de la identificación. Erik parece pintar sus retratos, como una suerte de estrategia que permite la recuperación de aquella etapa infantil.

El Retrato siempre ha ejercido fascinación por el parecido y el reconocimiento entre el rostro y el cuerpo humano, por la relación entre la forma y el entorno que la rodea, la presencia visible de la persona en el mundo. Si bien Erik toma como inspiración la pintura de Frida Kahlo y Julio Galán, sus retratos (¿o autorretratos?) ofrecen una visión más ingenua, naive, de la vida. No hay en sus pinturas violencia, sufrimiento, angustia, como en Frida. Las flechas de su San Sebastián se transforman en rosas; los corazones enlazados en Toda Corazón, no sangran, no se desgarran, se ofrecen como un delicado regalo, como una ofrenda de amor. Hay una cualidad de inocencia, más no de una inocencia perdida, representada a veces con ironía o incluso perversidad, en algunas obras de Galán. Erik parece repetirnos una y otra vez que es en la infancia donde el hombre se reencuentra consigo mismo.

Algunos de sus cuadros representan personajes reales, amigos, artistas como Ángela y su nube, inspirado en la llegada al Museo de Arte Moderno de la escultura en mármol La Nube de Ángela Gurría, que el pintor transforma en una etérea nube sujetada de un hilo, Ángela la conduce para regar una flor que se ha secado. Otros son aguerridos personajes históricos como Napoleón o Zapata Enamorado, que en sus lienzos se humanizan, se vuelven inofensivos.

Sus figuras, a veces andróginas, parecen revelar una postura del artista ante los roles de género y se remite a la infancia para recordarnos que finalmente, los atributos de los femenino/masculino, son construcciones sociales y que dentro de cada persona habita un ser que los contiene a ambos. La Novia provoca una sensación de melancolía, de tristeza. El tradicional vestido blanco se torna gris, el rostro del personaje se muestra como si cuestionara la "ilusión" de la boda como garante de la felicidad.

Hay que comprender el ojo como la ventana del alma, decía Merleau-Ponty, el ojo por el que es revalada a nuestra contemplación, la belleza del universo, la belleza que reside dentro de nosotros mismos. Me parece que la pintura de Erik Rivera funciona como una posibilidad de reencuentro, de reconocimiento; son en cierta forma retratos del alma.

 

...................................................................................................................

 

ENMUDECER DE LA MIRADA . Por José Ricardo Gutiérrez. 2011

"La pintura pinta el para sí y no una cosa en sí", Jean Luc-Nancy


Ovoides cristalizados, reales, miméticos, enfrentados, intemporales, escépticos de sí mismos, ácratas. Ojos sumergidos en el conversatorio de una luz que emerge, que sale y que en una suerte de extracción, interpelan al espectador. Así, la obra de Erik Rivera, en cada una de sus representaciones, apela al enmudecer de una mirada, a un tocamiento que se registra no sólo como una poiesis- acto creativo, sino como una afección silente.

De acuerdo con Hans Gadamer, el enmudecer no significa, precisamente, nada que decir, sino que se erige como un modo de hablar, como un modo del ser. Las múltiples miradas trazadas por las manos de "El Niño Terrible" son justo ese enmudecimiento que nos remite al tartamudeo, al balbuceo que se circunscribe a épocas pueriles, en donde hay tantas cosas que decir a la vez, que las palabras resultan insuficientes para traducir esa plétora de expresiones…sensaciones.
Los lienzos de Rivera miran, no son mirados. Son retratos que se organizan alrededor de una figura para revelar, a través del silencio, una identidad que no apela a una comprensión explícita, sino a una plenitud sensible marcada por el estremecimiento de una fugacidad memorística: la de la niñez.

Las obras a las que se hacen aquí referencia lanzan su mirada hacia ese extrañamiento irrecuperable, que nos remite a los primeros años de nuestros cuerpos, de nuestros deseos. No son, de ninguna manera, receptores, pues como lo afirma Wittgenstein "cuando ves el ojo, ves que algo sale de él. Ves la mirada del ojo". Los "niños mirones" de Rivera no lanzan su atención sobre un objeto, pues a través de sus ojos ocasionan la abertura de un mundo, de una realidad que no es conservación de un tiempo pasado inenarrable, sino que es siempre un presente de la ausencia misma, de aquello que ya no está y, sin embargo, lo seguimos evocando como una evidencia de nosotros mismos. La infancia es un rondamiento constante de nuestros cuerpos, de nuestras miradas, de nuestros sexos.

En el acto estético hay una mirada del adentro que no necesariamente "observa" la voluminosidad de lo real, sino que evoca imágenes mentales sobre aquello que es ausencia para transmutarlo en presencia. Los retratos que componen parte de la producción artística de Érik van más allá de la mera reproducción, pues lo real no está en ellos mismos, sino que se configura como un algo que está ausente-enmudecido y que sólo es capaz de aparecer por medio de esa ausencia, que como signa Jean Luc-Nancy es la semejanza. La obra no es semejante por hacerse similar a lo real, pues la representación de lo real es una idea, que no preexiste al acto estético, sino es el artista quien ejecuta esa idea en medio de un anudamiento y una agencia de silencios, lenguajes, palabras y recuerdos. De esa manera, las obras referenciadas no son rostros estáticos, pues anuncian un trayecto a través de su mirar que más allá de revelar "algo", advierten una forma de sensación, cuya certeza se pierde continuamente en la vaguedad del recuerdo primigenio, infantil.

...................................................................................................................

 

ERIK RIVERA por Yecid Calderón. 2013

La mirada es el epicentro en la obra de Erik Rivera. Una mirada que a través de la pintura abre un diálogo íntimo con el espectador porque los ojos de los personajes que Erik plasma en el lienzo o en el panel de madera siempre llevan a la profundidad interior. Profundidad que apela a los lugares de la memoria para rescatar aquellos episodios de la vida infantil que más persuaden: la falta del juicio moral (estado de inocencia), la ausencia del libre albedrío y el no desarrollado criterio que hacen que la infancia sea esa Edad de Oro en la que el hombre sólo vive, sin atadura, en una especie de momento paradisiaco donde el dolor sólo aparece, precisamente, mediante evocación posterior. Esta intimidad es casi un modo de nostalgia, pero ante todo, es un revertir la mirada que cae sobre la pintura hacia el lugar de dónde proviene, en este sentido la obra de Erik devuelve la mirada hacia el interior, el sí mismo del espectador.

Grandes pupilas, ojos desproporcionados que son el carácter propio de la obra de este artista mexicano, como agentes de la evocación y del reflejo que obliga a la interioridad. Siempre sus personajes se debaten entre esa infancia perdida y ese poder de enjuiciarla desde el presente, valorarla y, por ello, sentir ese placer/displacer de traer al presente lo que ya no es, lo ido, ese momento idílico en el que la conciencia hasta ahora emerge, sin constituir aún horizontes morales (ajena a las tensiones propias de los dilemas producidos por el desarrollo de la facultad del juicio). La impecabilidad de la obra de Erik es un factor que acentúa esa cándida mirada que contempla, que interpela con una voz silenciosa sin llegar a exigir respuesta. Aquí la pintura retoma su función recreativa y estética, pues, en el trabajo de Erik Rivera la belleza es un factor concomitante de la inocencia de sus personajes. Volvemos a una pintura que acentúa el valor de lo bello al tiempo que configura un juego abierto de evocaciones infantiles, un derecho a la ternura que pocas veces reclama el arte.

....................................................................................................................

 

La Bendita Primavera. Erik Rivera por Alberto Pérez Barajas, 2016


El arte forma parte de la conciencia e imaginación del artista, que a su vez es parte de la cultura y la sociedad que los rodea. Es por esto que las piezas de arte se tiene que ver y entender desde dos perspectivas básicas: la primera consiste en develar los deseos del artista, plasmados en cada lienzo y aplicados en todos los elementos que la componen; técnica, color, representación, etc. Y la segunda se desprende de las costumbres culturales y sociales, aquellas que limitan la forma de expresión de acuerdo al gusto y aceptación del público (o viceversa).


En la muestra “La Bendita Primavera”, creación del artista Erik Rivera quien expone sus obras por primera vez en Guadalajara,  se exhiben piezas que recrean la sociedad en la que vivimos: las deidades en las que creemos, los personajes que nos ha aportado la historia y otra serie de actores que son parte de nuestra comunidad cultural. La singularidad de las piezas recae en la forma en la que nos las presenta. Con unos enormes ojos, característicos de toda la obra del artista, Erik Rivera logra borrar cualquier estigma sobre los personajes: es así como podemos sentir empatía y ternura por figuras a las cuales la historia y las costumbres no nos dejan admirar de dicha manera. El respeto a lo religioso, el repudio a los villanos de la historia y la normatividad de la sociedad quedan de lado en este conjunto irreverente de piezas que reflejan una convivencia más sana, sin prejuicios por aquellas figuras a las que no estamos acostumbrados a nombrar como semejantes.


Observar la obra de Rivera nos permite repensar la historia, la sociedad y nuestras creencias. Es gracias a esto que la exhibición forma parte  de las 1eras  Jornadas Culturales del consejo de la cultura y las artes de Guadalajara (C+CultA) que integra los productos de la comunidad LGBT con los de la sociedad en general, con el fin de lograr una convivencia más integra y sin discriminación. Dirigir la mirada a las obras de Erik Rivera se trata de, como sus personajes, tener los ojos bien abiertos ante otra visión de lo que pasa día a día: una convivencia entre pasado, presente y cultura.
                                                                                                                       

 

 

 

 

 

 

 

© Todos los Derechos Reservados.Erik Rivera 2015.